¿Qué es una ICO?

ICO es un acrónimo que significa Initial Coin Offering, es decir, oferta inicial de moneda. El acrónimo ICO se parece bastante al de IPO, Initial Public Offering (que en castellano se denomina OPV, oferta pública de venta) término que se utiliza cuando una empresa sale a bolsa y quiere ofrecer las acciones a los posibles inversores a cambio de dinero. Y es que el ICO tiene que ver con la financiación de un proyecto empresarial.

La cuestión es que está de moda sacar una ICO de empresas que sólo han escrito en un papel una hoja de ruta y expuesto levemente una idea de negocio. Pero aún no han ejecutado nada o casi nada del proyecto o idea.

¿Hablamos de estafas? La idea de engaño está bastante presente en las ICO

Penalmente, para poder condenar a alguien por estafa, el estafado ha tenido que sufrir un «engaño bastante». Y es que también se le exige a las personas un mínimo de autoprotección o diligencia debida. El debate es eterno a nivel jurisprudencial sobre cuando es engaño suficiente o no, o hasta donde debe exigirse el nivel de autoprotección de la víctima.

En el mundo de las ICO es difícil discernir entre publicidad engañosa con el mero objetivo de captar financiación de una idea que no se pretende sacar adelante, de lo que es una empresa que fracasa en el intento. En el año 2017 se crearon miles y miles de ICOs que conseguían captar muchísimo capital, todas ellas prometiendo crear la criptomoneda definitiva. Aquella que se iba a revalorizar enormemente en pocos meses. La gente actuaba así:

Era la «fiebre de los Lamborghini» de 2017. El momento donde muchos multiplicaban su inversión en una criptomoneda nacida ayer de una ICO, y vendida al triple a los dos días. Y todo ese bullicio atrajo a nuevos inversores, lo mas incautos, que llegaron en la fase final de esa fiebre alcista que obviamente no pudo ser mantenida, perdiendo mucho dinero éstos últimos. Tanto dinero perdieron como el que ganaron los que vendieron a tiempo.

 

La cuestión es si podemos hablar de estafa o de dejarse engañar con la esperanza de vender más caro al siguiente que llegase. A juicio de quien suscribe, hay de todo. Hay empresas que sacaron su ICO y que disponían de una reputación que les hacía confiables y por las que un juez podría entender que el comprador de su token o moneda tendría derecho a recibir, cuando menos, una ejecución mas o menos acorde a su white paper y road map de la moneda. Por supuesto el comprador del token no puede exigir que la empresa que emite el token tenga éxito, pero sí que lo ejecute con un mínimo de diligencia debida y acorde al sector.

 

Distinto sería el caso si lo que se compra es un token que saca una empresa desconocida, y que lo anuncian personas igualmente desconocidas, siempre y cuando no mientan en la publicidad que se den. Hemos visto tokens que anunciaban tener acuerdos con exchanges, indicando que serían listadas en las mismas en breve, siendo ello mentira, o que tenían como partners a grandes empresas del sector, lo cual resultó ser también mentira. En estos casos entiendo que podríamos hablar de estafa, con la consiguiente posibilidad de querellarse contra estas personas y empresas.

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